Odontología en el embarazo y la lactancia

La caries dental es una enfermedad infecciosa inducida por varios factores externos e internos del paciente.

La lactancia a demanda con presencia de dientes, especialmente por la noche y prolongada, produce caries por producirse una fermentación de la leche, que es un hidrato de carbono fermentable. La Academia Americana de Odontología Pediátrica (AAPD) declaró un riesgo potencialmente devastador de la caries, debido a los lactantes alimentados con biberón, y con menos frecuencia i menos leve los de pecho.

Si le añadimos una mala higiene, mala salud bucal familiar y un estado inmunológico deficiente, se tiene aún más riesgo de sufrir caries del lactante.

Por eso, i para evitar confusiones, insistimos en obtener una correcta información sobre cada caso y valorar el riesgo del lactante asesorando a padres y madres sobre como trabajar la prevención con una lactancia plena. No se quiere eliminar la lactancia materna prolongada a demanda porque sino pasamos por alto los beneficios bien documentados de la lactancia materna, i la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para mantener la lactancia hasta los 2 años o más.

El presunto factor cariogénico de la leche materna es una cuestión de importancia, ya que eso es la principal fuente de la nutrición primerenca en la vida.

Hábitos

La educación temprana de los padres puede prevenir la presencia de otras condiciones desfavorables en los dientes de los niños. La fluorosis es una de estas condiciones y se presenta cuando el niño ingiere cantidades por encima de ciertos límites de fluoruro ya sea por suplementos de fluoruro, como las gotitas o las pastillas, por fórmulas para bebés, o por el uso de pastas y / o enjuagues con fluoruro, que se las llegan a tragar.

La fluorosis causa descalcificaciones o hipoplasias en el esmalte de los dientes permanentes y primarios, las que se ven más a menudo como manchitas blancas o café en el esmalte. Una manera de prevenir esto es pidiéndole a los padres que utilicen sólo un «guisante» de pasta de dientes fluorada y que no usen lavadas con fluoruro en los niños menores de 6 años de edad, a menos que los apliquen directamente con una gasa o algodoncillo. Y evidentemente que aconsejamos más pastas de dientes de dientes sin flúor para evitar estos problemas, ya que hoy tenemos alternativas, como el xilitol y el agua de mar, para reforzar el esmalte y prevenir de forma más natural y biológica.

Es importante aconsejar a los padres y madres sobre los hábitos de chuparse los dedos, o los chupones, o la ropa, o los juguetes, o cualquier otro objeto que los niños suelen meterse en la boca. Estos hábitos a menudo desaparecen después de los 6 años de edad, pero muchas veces no y suelen tener una relación directa con procesos emocionales internos. Dependiendo de la intensidad, frecuencia y sobre todo de la duración de los mismos, pueden causar problemas en la mordida de los niños, mal oclusiones como las mordidas abiertas, mordidas cruzadas, e incluso deformidades esqueléticas de mayor importancia.

Es muy importante que a los padres se les anime a ofrecer líquidos en vaso hacia los 12 meses de edad y que se retire el biberón entre los 12 y los 14 meses de edad, para evitar caries y sobre todo alteraciones en la deglución, respiración y fonación, y por tanto mal oclusiones.

Los microorganismos cariogénicos principales son los estreptococos mutans, especialmente Streptococcus mutans y Streptococcus sobrinus. Son capaces de colonizar la superficie del diente y producir ácidos que disuelven el esmalte. El principal reservorio de estreptococos mutans es la cavidad oral y la infección infantil depende del nivel de infección de la madre o la persona en contacto más estrecho con ella. La transmisión horizontal también es importante en los jardines de infancia. La gravedad de la caries temprana del niño está directamente relacionada con el establecimiento temprano de estreptococos mutans.

En el período conocido como «ventana de infectividad», que corresponde a la erupción de los incisivos (6 meses) y los molares superiores (24 meses), se adquieren los estreptococos. Uno de los factores de riesgo del huésped para el desarrollo de la caries es un defecto en el esmalte, la hipoplasia.

La desnutrición puede causar hipoplasia del esmalte y, del mismo modo que la anemia por deficiencia de hierro, puede conducir a la reducción de la secreción salival y su capacidad amortiguadora. El bajo peso al nacer, incluyendo partos prematuros, facilita la aparición de hipoplasia del esmalte, trastornos salivales, la presencia de infecciones, trastornos metabólicos, toxicidad química, y las enfermedades hereditarias, lo que favorece altos niveles de colonización por estreptococos. En estos bebés, los defectos en el esmalte se asocian con enfermedades gestacionales como la infección materna, trastornos metabólicos (hipoxia, deficiencias nutricionales, hipocalcemia) y la realización de procedimientos médicos (laringoscopia e intubación endotraqueal).

Los estudios en animales han demostrado que la leche de vaca no es cariogénica y que, en cambio, tiene una acción cariostática. Sin embargo, no hay ninguna recomendación para su uso antes del primer año de vida, de hecho no es recomendable para el cuerpo humano ya que el sistema digestivo no está preparado para poder digerir la leche animal. Nosotros defendemos, por estudios publicados posteriormente y nuestra propia experiencia que la LACTOSA es un hidrato de carbono con un potencial cariogénico altísimo pero en cambio la proteína de la leche, CASEÏNA, es cariostática.

La leche de vaca, comparada con la leche materna, tiene un bajo contenido de minerales, mayor concentración de lactosa y menor contenido de proteína. El contenido de calcio que tiene es muy alto pero se encuentra en una formulación química no absorbible por el cuepro humano, por tanto, de nada sirve pensar que será una fuente de calcio beneficiosa para nosotros.

Se ha demostrado que la leche materna y la leche bovina son capaces de bajar el pH de la placa dental, y que la fermentación de la leche de vaca es más lenta. Por otra parte, los estreptococos son sólo capaces de incrementar la fermentación de la lactosa tras el contacto frecuente con la leche, y esto puede ser una de las razones para el desarrollo de la caries en la dentición temporal para la lactancia prolongada a demanda artificial. Sin embargo, el potencial cariogénico de la leche en condiciones normales no es de importancia clínica, excepto cuando se reducen los factores salivales de protección, como ocurre durante el sueño y en la presencia de xerostomía, cuando la inmunidad y la salud bucal familiar son deficitarias, ala alimentación sólida no está correctamente introducida y al higiene bucal es insuficiente.

Hay que remarcar que la leche materna en succionar, se dirige hacia el paladar blando, no queda estancada en la boca provocando caries, cosa que con el biberón la succión es incorrecta para la lengua y sí que queda en boca más tiempo.

Se ha llegado al a conclusión que no hay evidencia fuerte y consistente de asociación entre la lactancia materna y el desarrollo de la caries primerenca en el niño; que no hay tiempo específico para el destete, y que hay que animar a las mujeres a continuar la lactancia materna por tanto tiempo como lo deseen, informando de los riesgos y actitudes preventivas que hay que tomar en todos los otros aspectos que acompañan la lactancia.

Su prevalencia  se mantiene estable en la dentición primaria, que es el grupo de 20 dientes que se forman entre 12 y 18 semanas de vida intrauterina y rompe de media entre 7 y 30 meses. Hoy en día aún sigue siendo un problema grave de salud pública y su control ha de ser una prioridad, y que puede conducir a la maloclusión de los dientes permanentes, causando problemas de fonética y baja autoestima.

Los estudio concluyen y afirman que una superficie colonizable, el diente, en contacto continuo con hidratos de carbono en un medio ácido, sufrirá caries.

Lo que está claro es que no solo la alimentación es la culpable dl origen de la enfermedad.

La mayoría de estudios muestran que las variables deben ser consideradas como indicadores de riesgo y que no se puede establecer claramente una relación entre la exposición y la caries. Lo que sí se asoció con la caries fueron la adquisición temprana de la infección por estreptococos, la dieta altamente cariogénica, los malos hábitos de cepillado y la hipoplasia del esmalte. Estudios realizados en las culturas primitivas, donde la lactancia materna era hasta los 18 a 36 meses, a demanda, incluso por la noche, muestran una prevalencia muy baja de caries en los niños y eso está claramente relacionado a que todos los otros factores, sobretodo la alimentación sólida alcalina, están instaurados correctamente.

Los hábitos alimentarios de la infancia han cambiado dramáticamente en los últimos años. El consumo de leche ha disminuido, mientras que el consumo de refrescos, bebidas de zumo, en lugar de comer fruta, y los hidratos de carbono se ha incrementado, lo que se relaciona con una mayor prevalencia de caries. También han demostrado que la leche materna reduce el riesgo de desarrollar enfermedades sistémicas, que tienen cierta influencia en la nutrición infantil. Por lo tanto, se supone que la leche materna podría proteger contra la caries dental, retrasar el desarrollo de las enfermedades que contribuyen a la fisiopatología de la enfermedad de caries, y un menor uso de medicamentos de riesgo de caries.

Hay que observar bien los estudios realizados a partir de leche no humana que demuestran resultados no ciertos porque la composición de la leche materna es diferente a la de otros animales y el artificial. La leche materna contiene menos lactosa y no contiene sacarosa, por otra parte, la leche de vaca contiene más lactosa y las leches artificiales contienen más sacarosa. Cuando más tiempo en boca esté la leche, como es en el caso de tomar biberón, la fermentación es más lenta y además la lactosa en sí tiene un proceso de fermentación también más lento, lo que hace que todo sea un cúmulo de factores que propician la caries dental

La clase social, nuestra educación y formación, nuestra economía familiar y el entorno, entre otros, son factores que determinan la higiene oral y personal, los hábitos alimentarios y el uso de biberón o vaso.

Si el bebé es prematuro, sobre todo con bajo peso, es más probable que la lactancia materna sea más corta y aumente el consumo en biberón y de azúcar.

Principales conclusiones

En conclusión: podemos decir que no hay evidencia científica que demuestre que la leche humana sea cariogénica, incluso cuando es tomada a la demanda y durante la noche. Al mismo tiempo, la posición de la Academia Americana de Odontología Pediátrica (AAPD), puede crear problemas prácticos en la conducción y orientación de los padres de niños que se despiertan llorando por la noche para ser amamantados, simplemente se quiere expresar una necesidad que debe ser cubierta por el buen desarrollo de los niños.

Creemos que la lactancia materna nocturna no debe perderse y no se ha de implantar una dieta estricta al lactante. A esta edad, el niño se está adaptando a cambios alimenticios y de regulación de horarios. Por lo tanto, debemos fomentar la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses o más, siguiendo lo que nos indique la OMS, manteniéndola si se quiere hasta los 2 años de edad, sin ningún tipo de limitaciones de tiempo y complementada con otros alimentos adecuados para el destete.

Sólo hay que tener presente que hay muchas variables a tener en cuenta, no sólo la lactancia, especialmente la infección por Streptococcus mutans, hipoplasia del esmalte, la ingesta de azúcar en sus diversas formas y condiciones sociales representadas por la educación y el estatus socioeconómico de la família, el estado inmunitario y de salud, que harán a un niño con alto o bajo riesgo de caries.

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