Odontología Mínima Invasiva

Una visión del tratamiento de la caries en el siglo XXI

La Mínima Intervención es el enfoque médico actual para el tratamiento de la caries. La OMI se basa en la prevención de enfermedades, evitando intervenciones mayores y más costosas. También incluye acciones como retirar tejido en situaciones o complejas cirugías, siempre con una base importante, ser lo menos invasivos posible y conservar los tejidos del paciente de forma prioritaria.

La relación entre OMI y tecnología es directa, pues la investigación y el desarrollo de bio materiales y líneas celulares para regenerar tejidos es un ámbito fundamental para esta odontología. Restituir el tejido dañado por uno natural mediante bioingeniería debe ser la primera opción ante un concepto tradicional de sustituirlo por uno artificial o sintético.

Se basa en 3 principios muy simples:

  • Odontología sin metales

  • Identificar y evaluar todos los potenciales factores de riesgo de caries en el estadio más inicial posible.

  • Prevenir la formación de caries eliminando o minimizando estos factores.

El objetivo es restaurar el diente de la forma más conservadora posible, cuando la restauración clínica sea necesaria, utilizando materiales bioactivos que ayuden a regenerar el esmalte desmineralizado y protejan a su vez de futuros daños.

Siempre se ha dado un enfoque quirúrgico tradicional de “cortado y relleno” que únicamente trata los síntomas de la enfermedad, pero no así su causa, y se pone muy poco o ningún énfasis en la prevención.

El concepto de Mínima Intervención se lleva a cabo de manera efectiva con tres elementos integrados en los planes de tratamiento:

  1. Una gama de productos MI como tests diagnósticos de bacterias y de saliva que identifican a los pacientes de alto riesgo.

  2. Medidas preventivas como los productos basados en CPP-ACP, (Recaldent ™) que ayudan a mantener el equilibrio mineral.

  3. Materiales restauradores bioactivos que restauren y, además, protejan.

Tanto si necesitamos reparar un daño causado por la caries después de la fase de identificación, como si ha aparecido después de tomar medidas preventivas, el proceso de restauración de MI es completamente diferente al del enfoque tradicional, ya que su objetivo es restaurar y, si es posible, proteger al mismo tiempo. Esto ha sido viable en gran parte gracias a los nuevos materiales restauradores que son compatibles a la perfección con el concepto de MI.

En primer lugar, las propiedades adhesivas de los nuevos materiales restauradores permiten que las grandes cavidades ya no sean necesarias. Empleando estos materiales podremos hacer micro-cavidades, así que sólo eliminaremos el área afectada; la estructura sana del diente se deja intacta.

En segundo lugar, el poder adhesivo de los nuevos materiales proporcionan una protección añadida contra futuras intrusiones bacterianas gracias a su mejorada capacidad de sellado. En el futuro, los materiales restauradores bioactivos podrán ayudar a remineralizar el esmalte y protegerán contra futuros daños, aportando apatita en forma de iones tales como calcio, fosfato, estroncio y flúor.

Se abre ahora una excitante perspectiva para poder restaurar la caries en un estadio temprano, mediante el uso de CPP-ACP (Recaldent ™), que incluso puede ayudar a eliminar pequeñas descalcificaciones.

El principio fundamental del concepto de restauración mediante mínima intervención (MI Restore) consiste en utilizar tratamientos de remineralización no invasivos para restaurar lesiones iniciales y materiales bioactivos para restaurar lesiones cariadas, preservando en la medida de lo posible la estructura del diente con cavidades de mínima intervención.

Obturaciones con materiales restauradores bioactivos, como los ionómeros de vidrio, que se adhieren químicamente a la estructura del diente y requieren eliminar una menor cantidad de la misma que si se utilizan los materiales tradicionales, permite dar un paso más hacia una odontología más sencilla, más estética y más duradera, una odontología mínima invasiva.

Se han utilizado, durante mucho tiempo, planes de revisión estándar, pero este enfoque puede resultar demasiado espaciado en pacientes de alto riesgo de caries y demasiado frecuente en pacientes de bajo riesgo.

La caries dental es una enfermedad infecciosa que requiere de un sujeto susceptible, placa y bacterias cariogénicas y la presencia de una dieta rica en azúcares. Si estos tres factores están presentes, las bacterias fermentan los azúcares y los hidratos de carbono, generando ácidos que disminuirán el pH, normalmente neutro, del entorno bucal. Los ácidos entonces atacan el esmalte, que libera iones de apatita causando la desmineralización y finalmente la caries.

El proceso de creación de la caries es natural y la saliva es nuestro principal sistema de protección contra él. La función buffer, tampón o amortiguadora de la saliva consiste en reducir la fricción sobre el esmalte, eliminar restos de comida y bacterias de los dientes, ayudar a neutralizar los ácidos, dispersar los iones que remineralizan el esmalte y lubricar el bolo.Cuando este sistema es inadecuado es cuando la enfermedad de la caries aparece y progresa: por una calidad de la saliva deficiente, por haber demasiado bacterias generadoras de ácidos o bien por una mala higiene o dieta.
Por lo tanto, para prevenir la caries, es necesario identificar si la saliva del paciente es capaz de proteger el medio oral, y si no lo es, saber por qué: sólo así podremos reconocer el problema. Hay que determinar si hay alguna situación médica que aumente el riesgo de caries, así mismo, es interesante informar correctamente al profesional ante preguntas sobre su estilo de vida, sus hábitos dietéticos y prácticas de higiene oral.
Las herramientas de diagnóstico, historia clínica, examen oral y pruebas como el análisis salival, radiografías, estudio dietético, hacen posible evaluar el riesgo de caries del paciente. Por este motivo, la primera visita es la más importante y donde se debe dedicar más atención y tiempo.

La endodoncia, dentro la odontología conservadora, es una especialidad donde se valora mucho la viabilidad del diente y su conservación por una buena función y estética.

El diente es un órgano que está vivo, con una pulpa compuesta por vasos sanguíneos, nervio y tejido linfático. Estos se encargan de alimentar y sensibilizar al diente y de conectarla con el resto del cuerpo.

Si una caries se extiende o hay un micro traumatismo, la pulpa se infecta, produciendo una pulpitis que si no se trata crea una infección en el hueso que rodea al diente, periodontitis. Esta infección, una vez hecha crónica, sólo se puede curar mediante la eliminación total del tejido pulpar del conducto radicular, la posterior desinfección del conducto y finalmente, el sellado del mismo. Habremos hecho una endodoncia o tratamiento de conductos.

No es una técnica sencilla, la dificultad en el acceso, la anatomía algunas veces tortuosa de los conductos, los conductos accesorios no visibles a los rayos X y la presencia de micro túbulos dentinarios hacen que sea difícil conseguir buenos resultados.

Algunos sectores de la medicina holística están en contra de este tipo de tratamiento porque una endodoncia deja el diente muerto y comporta como un bloqueo energético. Además, la gutapercha, que es el material con el que sellamos el conducto, contiene cerio, material radiactivo (Hulda Clark), dejando como única alternativa la extracción de la pieza dañada. Pero hay que tener en cuenta que esta extracción también se puede comportar como un foco (cicatriz, emocional, estructural), además de ser el desencadenante de un movimiento dentario de las piezas adyacentes que a la larga repercutirá sobre la oclusión.

No es una mala técnica en manos de un minucioso especialista, al contrario, es la mejor solución en caso de una infección del tejido pulpar del diente, pero sí es cierto que se pueden presentar “fracasos” en el tratamiento, por ejemplo por calcificaciones (presencia de fracturas radiculares no visibles a los Rx), falta de profesionalidad por parte del odontólogo, (algunas veces el paciente viene diciendo que le han matado el nervio, y más bien parece que está malherido) o un fondo de terreno del paciente abonado a la proliferación bacteriana.

Lo que hay que tener claro es que un proceso infeccioso como este, en un espacio cerrado, sin visión directa del mismo, precisa la colocación de materiales para eliminar las endotoxinas, como el hidróxido de calcio, y dejarlo actuar el tiempo necesario.

Cada persona es diferente, y cada diente también. Nosotros evaluamos las conexiones que tiene la pieza dentaria con sus órganos, meridianos, y emociones; valoramos si el umbral de tolerancia es capaz de “soportar la agresión” de un tratamiento de conductos, y si es así, decidimos hacer el tratamiento de conducto.

Las amalgamas son la combinación de metales pesados ​​como mercurio, plata, cromo, estaño y zinc.

Si estos metales se encuentran en un recipiente con líquido salino (como “la saliva y la boca”) producen corrientes galvánicas que interfieren directamente en la función celular y pueden producir cortes de fluido energético, entre otros, en dos de los meridianos más importantes de nuestro cuerpo (vaso-concepción y vaso-gobernación), provocando alteraciones funcionales a distancia.

El mercurio es el metal no radiactivo más tóxico de nuestro planeta, más que el arsénico o el plomo. Es un metal que se volatiliza provocando gases mercuriales, los cuales pueden ser inhalados por nuestro sistema respiratorio y posteriormente difundido en sangre por el resto del organismo. También el desgaste de las obturaciones durante la masticación o sus fracturas pueden desprender partículas de este material que puede ser ingerido a través del sistema digestivo.

Estas moléculas de metales pesados ​​se van almacenando en zonas nobles del organismo (cerebro, pulmones, tubo digestivo, riñones) y pueden producir alteraciones en ellos.

El cuerpo puede estar habituado a esta “dosis” diaria de tóxicos, y al igual que ocurre en la retirada de sustancias estupefacientes, si ésta se produce sin control, el cuerpo puede reaccionar con el que se conoce como síndrome de abstinencia. Así que la retirada de estas sustancias debe hacerse de una forma holística.

Una vez decididos a sustituir las amalgamas por otros materiales biocompatibles, es importante seguir unas pautas establecidas a lo largo de estos últimos años.

Hay que realizar un testaje kinesiológico para ver si hay adicción para saber el orden y la frecuencia con la que su cuerpo “quiere” limpiarse de estas sustancias, y ayudar a eliminar todos estos depósitos que se encuentran almacenados.

Dividimos la boca en cuatro partes, cuatro cuadrantes, los cuales abordaremos dando un espacio de una semana entre cuadrante y cuadrante, y generalmente no sacando más de dos amalgamas en cada sesión, porque el cuerpo también necesita adaptarse a su nuevo estado bioquímico. Hay que valorar la posibilidad de reconstrucción del diente posteriormente.

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